Manipulación del plano oclusal en cirugía ortognática: Consideraciones faciales

La cirugía ortognática ha ganado aceptación en el medio científico como un procedimiento estable y seguro (Proffit et al., 1996; Bailey et al., 2004). Las técnicas quirúrgicas utilizadas tanto en maxila como en mandíbula han sido consagradas como predecibles y versátiles siendo ejecutadas comúnmente por cirujanos maxilofaciales. El abordaje en maxila, claramente establecida por la osteotomía LeFort I, permite una adecuada movilización de los elementos óseos tanto en los movimientos de reposición anterior, inferior y superior. La osteotomía sagital de rama mandibular (OSRM), por otra parte, también permite movimientos tridimensionales, tanto en reposición antero-posterior e supero-inferior. Otras osteotomías mandibulares no son tan versátiles como la OSRM, requiriendo en algunos casos accesos extraorales y en otros casos injertos óseos para estabilizar el movimiento y optimizar la reparación de las osteotomías (Trauner & Obwergeser, 1957; Bell et al., 1975; Bell & Schendel, 1977; Drommer, 1986; Turvey & Schardt-Sacco, 2000; Lupori et al., 2000).





En este sentido, la cirugía bimaxilar, empleando la osteotomía LeFort I y la OSRM, permite correcciones funcionales y estéticas con gran impacto en el complejo facial, determinando resultados en el sentido antero-posterior y en el sentido vertical que permite cubrir una parte importante de las demandas del paciente (Van Sickels & D´Addario, 2007).



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