Aumento de Facultades de Odontología en el Perú harán colapsar el ejercicio profesional


Por C.D. Luis Zerpa A.

Se ha puesto en marcha la creación de nuevas Facultades de Odontología en el Perú, en especial en la capital y en las provincias a modo de filiales; ya bordeamos varias decenas a nivel nacional. En la actualidad el número de nuevos titulados supone un importante porcentaje de la colegiatura, la cual esta ha superado ya los 22 000, en un mercado laboral neoliberal donde hay signos y síntomas de un colapso evidente. A eso sumarle la magnífica cantidad de 35 000 alumnos en pregrado.


Las Universidades surgieron hace casi un milenio con el objetivo de ofrecer una formación específica a un grupo selecto de ciudadanos, de ahí su carácter elitista: “no puede haber universidades ni facultades en todas las ciudades”, “no todos los ciudadanos pueden ser universitarios”, “solamente unos pocos están capacitados”. Únicamente deben llegar a ese nivel “los que se lo merezcan”. Esto nos obliga a cambiar los sistemas de selección tan poco equitativos e injustos.

Mimetizados en la necesidad de romper con esa exclusión, pseudos promotores educativos trastocan el objetivo académico y social, por uno estrictamente economicista. Es ridículo que en la actualidad y realidad peruana, muchas universidades estén a la caza del alumno, ofreciendo desesperadamente sus productos (en este caso la formación académica profesional) en institutos superiores tecnológicos y en “instituciones educativas” (antes llamados colegios), intentando promocionar sus “plazas vacantes”, muestra fehaciente de los D.L. 882 que promueve universidades con “fines de lucro y exoneradas de pago arancelario” y del D.L. 27504 la cual otorga facilidades para la creación de nuevas facultades (Filiales) por parte de una universidad fuera de su ámbito geográfico de creación.

Sobre los estudios de Postgrado, ya sea en grados como la Maestría y el Doctorado o las Especialidades, son entes de formación de alto nivel y en la actualidad son requisitos indispensables para ocupar puestos de jerarquía, jefaturas o direcciones en entidades públicas y privadas. En este sentido si amerita su promoción, debido a que estamos en la sociedad del conocimiento integral e integrador.

Existe una paradoja de que en las universidades públicas el número de alumnos esté razonablemente limitado y las notas de acceso estén entre las más altas de todo el sistema universitario, mientras en las privadas los criterios selectivos son otros, más basados en un perfil económico que en el esfuerzo demostrado y el número de alumnos no ofrece equivalencias con los claustros públicos.

Independientemente de todo ello, una decena de facultades implican una decena de jefes de cátedras por cada facultad y varios cientos de profesores. Es estadísticamente imposible que en Perú, ni en otro país similar, se pueda encontrar tal cantidad de profesores docentes y decentes. Serlo implica bastante más que ser un buen clínico o un buen profesional; es necesaria otra cualidad como la motivación, así como también, la planificación, el orden, el gusto por enseñar y la humildad para aprender y aprehender, un bien tan admirable como escaso. No siempre el que más sabe es el mejor docente, aunque casi siempre el buen docente sabe mucho. No todos pueden ser maestros, de igual modo que no todos pueden ser universitarios.

Y de la misma forma que los mecanismos de acceso a las facultades deberían ser estrictos, claros, transparentes, justos y equitativos, lo mismo puede decirse del colectivo académico, lastrado en Perú por una endogamia secular en la que es tan habitual la transmisión genética de responsabilidades como la siempre curiosa adaptación de las plazas o vacantes a los perfiles y no viceversa. Los cargos universitarios con tanta frecuencia se han convertido en un valor social, en una faceta de poder neoliberal, en un reclame publicitario; en síntesis un poderoso imán de vanidades. Pero afortunadamente todavía hay algunas honrosas excepciones.

La creciente cantidad de facultades, es un dispendio sin sentido, aunque con el beneplácito para muchos, pasará su implacable factura antes de darnos cuenta.

Publicado por Mesa Temática de Salud Bucal

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